24.9.05

Estado alfa (sueño del pasado de un insomne)

Abro los ojos.
No, mejor los cierro.

Y recuerdo que...
En mi infancia, me encantaban los videojuegos. Luego del colegio, solía ir a meterme a esos boliches cerca del terminal donde tomaba la micro de vuelta a casa, y gastaba hasta mis últimas monedas - esas monedas grandes grises de $10 - en el Pacman, el 1948, fútbol, etc, sólo por el placer de ir cada día superando mi score personal, hasta llegar - en varias venerables ocasiones - a inscribir mi ilustre nombre en la lista de los puntajes más altos.
Varias micros debo haber perdido sólo por el vicio que me provocaba jugarme hasta el alma en esa última vida de ese último juego del la última ficha que había comprado con la última moneda de $10 que me quedaba en los bolsillos.
Así eran esos tiempos.
Luego, llegó el Atari. Y creo que ahí comenzó el camino a la perdición.
A mi perdición.
Con el Atari murió la posibilidad de morir-morir con la última vida. las "fichas" ya no existían. Las posibilidades de seguir jugando eran sólo limitadas por el cansancio o la voz paternal/maternal que exigía desenchufarse del aparato cuando ya los ojos comenzaban a salirse de mis órbitas, y mis dedos a acalambrarse en el joystick.
Y junto con esa ilimitada posibilidad de renacer luego del Game Over, empezó a crecer la ansiedad por el score.
Cada vez que iniciaba un nuevo juego, arriesgaba más en la primera vida. Consecuentemente moría más o menos rápido, marcando poco.
Luego, tal vez tenía una mediana performance con la segunda.
Y si lo hacía bien, capaz que ganara algunas otras vidas en el camino.

Pero no. Moría muy luego. Empezó la decadencia.

Iniciaba otro nuevo juego, y si moría muy luego - con lo cual disminuían mis posibilidades de un alto score -, F5 y nuevo juego. Altiro. Sin siquiera jugar las otras dos vidas restantes. Me suicidaba ipso-facto. Todo de nuevo. Empezar de cero. Nueva oportunidad. Miles de oportunidades más. Así de fácil, así de simple.
Así de poco esfuerzo. Así de poco valor.
Así de poco apego por los procesos.
Así de poca superación.
Así de loser.

Y ahora...
Ando buscando el botón para morir luego otra vez
Se me perdió el cuchillo con que ya una vez no fui capaz de provocar mi ausencia... cuando llegó el cansancio, y la voz enmudeció, y los ojos se entrecerraron, y la luz se volvió tenue, muy tenue...

Es que habría sido más fácil así...
Que los golpes, rabia, dolor, postración
Indagar, nadar en el pozo oscuro
de las pesadillas
Culpar a otros, a las circunstancias
No entender
ni a sí mismo ni al resto
No sentir
ni la propia alma ni la brisa de afuera
No querer
ni nada a ni nadie
Fracasar, morir a la esperanza
Disolverse, evaporarse, no existir

Existir agota, lo se bien.
Si al menos no hubiese que pretender que se vive sin quererlo realmente.

¿Por qué alguien no me preguntó si yo quería?