28.8.05

Fin

20 llamadas perdidas. 5 mensajes de voz.
Esto se acaba ahora, piensa ella.
Sabe que no saca nada con seguir eludiendo la cuestión.
Lo llama.

- OK, qué pasa...
- Necesito que hablemos.
- ehhhh, bueno, salgo de la oficina y en 40 minutos estoy allá.
- Vale. Te espero.

20:00 hrs. Ella cumple su promesa.
Estaciona su auto, apaga las luces.
Ninguna otra luz alrededor.
Las estrellas brillan furiosas en esa helada noche de primavera.
Y ella sabe que él algo se trae entre manos.
Qué diablos, piensa, yo estoy clara.
Pero algo pasa en su estómago, está apretado, presiente algo.

Se baja, camina.
Empuja la puerta entreabierta de ese galpón-taller-loft.
Semipenumbra adentro.
Una música especialmente familiar sonando de fondo.
Y una voz conocida que la saluda y le invita a avanzar.
Chimenea encendida, luz indirecta.
Un sillón frente al fuego y él sentado en una silla alta de pub, observándola.

- Hola.
- Hola.
- Bueno, ya estoy aquí. Dime.
- Tranquila. Hay tiempo. Siéntate.

Y ella obedece, se sienta, se estira en el sofá.
Es siempre así.
El es el director de la obra, quien da las instrucciones.
Todo se realiza de acuerdo a su libreto, siguiendo un guión del cual sólo él controla el desarrollo.
Y a ella le encanta ejecutar sus performances. Que la dirija.

Ella no sabe, no sospecha, ser la fuente inagotable de todo su desvarío.
Y si lo sabe, no quiere hacerse cargo. Nunca ha querido, le complica demasiado.
Lo suyo es lo fácil, lo obvio.
El la fuerza a pensar, a cuestionar su tibia y confortable realidad.
Y a ella eso no le gusta.

Está helado. Ella siempre tiene frío, él lo sabe. Se acerca a la chimenea, de espaldas a él. Se inclina, se frota las manos. Siente sus ojos en su espalda. Lentamente se vuelve. Lo mira largamente.
Se escrutan mutuamente, como dos contendores que se estudian antes de empezar la pelea.

- Bueno, habla...
- Nunca esperé que me dejaras botado... crucé un océano por tí...

Ahh, era eso, así es como vamos a empezar. Ella sonríe.

- No seas niño, me colmaste la medida, cómo te atreves. No estoy para berrinches, arruinaste mi otro fin de semana con tus estupideces... y yo ya no tengo paciencia. Estaba cansada y tuve algo mejor que hacer este finde, eso es todo. No lo planeé así a propósito... sólo pasó.
- Bueno, entonces voy a contarte lo que a mí me pasó este finde.

Ella se sentó otra vez y lo observó detenidamente.
Se veía exquisito.Y él era muy conciente de ello, lo hizo a propósito.
Se había preparado para ese encuentro, cumpliendo todos sus deseos fetiches que conocía tan bien.

Se había afeitado esmeradamente. El cabello mojado, algo descuidado sobre su cara. Esos lentes intelectuales. Esa pinta de artista-fashion-victim, que retrataba su personalidad, su agnosticismo, su socialismo, y todos sus ismos.
Ese perfume.
Todo cuidadósamente estudiado hasta el más mínimo detalle.
Como siempre.
El mago de los efectos especiales.

El mueve sus labios en esa mueca tan suya.
Y la mira detenidamente, como resarciéndose de toda esa ausencia que lo ha separado de ella. Luego de unos segundos, aparta sus ojos, como reuniendo valor.
Y se larga en su periplo.

Habló de muchas cosas. Hizo una larga reseña, con todos los hitos que ella tan bien conocía. Y otros nuevos, para su sorpresa.
Habló de su viaje, lo mucho que había cambiado a raíz de él.

De cómo había visto caerse muchas de sus convicciones.
De cómo había aprendido a extrañar a su familia.
De cómo había redescubierto a sus hermanos.
De cómo había comenzado a sentir la mano de Alguien en su vida.
De cómo entendió lo que antes nunca pudo.
De cómo se sentía más cercano a ella, ahora, más que nunca.
De cómo ahora sentía que compartía todo aquello que tan fieramente combatió de ella.
De cómo había pasado el tiempo sin haberlo hecho realmente.
De cómo ese amor nunca había sido agotado.
De cómo él siempre la guardó en el corazón.
De cómo había sido necesario tanto desencuentro para volver a llegar al punto inicial de partida.

Silencio.
Ella lo miraba, lo observaba, lo calibraba.
Incrédula, escéptica, lo escuchaba.
Porque ella no creía realmente que la gente pudiese cambiar tanto.

En todo caso, aún no es suficiente, pensó.
Aún quedan cosas pendientes.
Y él, que lee su mente a través de sus ojos, lleva el relato a tiempo presente.

- Y este fin de semana, viendo a esos niños desfilar en la plaza, miré alrededor. Y no ví ni una sola cara conocida. Yo, que me crié en este pueblo, ya no reconozco a nadie, están todos en otra.

Ja, qué novedad, piensa ella. El continúa.

- Están todos con sus vidas, con su familia. Con SU propia familia. Con su mujer, con hijos.

Ya, con que llegamos al punto. Era lo que ella se temía.
Y ella no habla. Ella ya no está.
No es posible, piensa.
Pero sí.
En realidad, ella siempre supo que ese momento llegaría. Nunca tuvo una duda.

- Quiero quedarme contigo.

Silencio.
Ella lo mira, y mueve su cabeza.

- No entiendo cómo podría ser eso... tú ya me conoces, y no he cambiado un ápice en mis posturas, lo que espero de la vida. Y, hasta donde yo se, no tienen nada que ver con la forma en que tú concibes tu vida...

Eran sólo rodeos, ella necesitaba ganar tiempo.
Aún no quería asumir lo que se venía.
Si tan sólo ésto hubiese ocurrido... 3... 2... 1 año antes, pensaba...

Y continúa su rodeo.

- Después que terminamos, yo seguí con mi vida. Nuestra historia tuvo un costo personal enorme para mí. Y no será en vano. No tomaré ciertos caminos una segunda vez. Hoy, se lo que quiero y quien soy. Y eso no lo cambiaré por nada ni por nadie.

Así, concluye, con voz firme, envistiédose de una resolución que se esforzaba por sentir. Se había parado nuevamente hacia la chimenea. De espaldas, no quería enfrentar su mirada.
Así fue como la alcanzaron sus palabras.

- Si hay que firmar papeles, los firmamos.

Time off. Se detiene el reloj. Se detiene su respiración. Algo de plomo acaba de caer en su estómago. Pasado el impacto inicial, se vuelve hacia él.

- No entiendo lo que quieres decirme.

Oh, sí. Vaya que entendía. Pero aún podía ser producto de su imaginación lo que acababa de escuchar.
Ella hace un ademán de moverse y él agarra su mano y la jala hacia sí.

- Abrázame.

Y ella obedece nuevamente.Vaya que sí obedece.
El la estrecha fuertemente.

"Acople estructural", lo definió él una vez, tan gráfico e ingenieril.
El hunde su cabeza en ese rincón conformado por el ángulo de su hombro con su cuello.Y se refugia ahí como un niño pequeño. Y la apreta aún más fuerte. Ella siente que la va asfixiar.

- Qué pasa... le pregunta quedamente.
- ...
- Qué pasa... repite, más tiernamente.
- Primero necesito saber si tú quieres estar conmigo.

LA PREGUNTA.
Oh, esa pregunta.No es justo, piensa ella. Jamás podría lograr pensar en la respuesta correcta capturada así, en este abrazo.
Pero ella responde.
El aún se resiste a continuar.

- Pero ayúdame un poquito...
- Pero cómo puedo hacerlo si no se lo que quieres decirme... juega ella con la situación.

Su corazón late a mil. Quiere escucharlo de él. Aunque le tome todo el resto de noche. Ella aún duda si dirá las palabras. Está gozando de cada segundo de ese esperado y triunfal momento.

El fin de la guerra.

El necesita su tiempo, no logra que esas palabras salgan de su garganta.
Y ella lo entiende, porque sabe que él, honestamente, nunca pensó en decirlas, no estaban en sus planes.
Ella todavía está asombrada con lo que está apunto de suceder.

- Quiero casarme contigo.

Ella ha vencido.

2 Comments:

Blogger Gainsbourg said...

simplemente me quedo para adentro

12:50 PM  
Blogger jugarte said...

quizas cuando se han vivdo cosas similares es posible empatizar con lo que ocurrio esa vez...quede helado, porque lo hice y no resulto...imaginaras que ahora mas que nunca no quiero que salgan mas esas palabras de mi boca...
gracias por la "comunicacion sin filtros"

11:19 AM  

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