13.6.06

Temo

(me quieren con papas)

26.2.06

Entiende:

NO SOY TU AMIGO

19.11.05

No more blooger meets

Si, lo asumo. Con algo de lata incluso.
No se respira ya camaraderia, con suerte se respira sobrepoblacion.
15 en la mesa pueden llegar a ser muchos. Al menos para mi.

Esta bien esto de conocer gente, pero me gustaria siquiera tener la oportunidad de escuchar, hablar, TENER LA MÍNIMA POSIBILIDAD DE PARTICIPAR Y PONER ATENCION SOBRE UN INTERCAMBIO COMUNICATIVO.

Anoche no pude. Mucho blogger no me deja ver el bosque.

Hasta de a 5 , hasta de a 10, en mesa redonda, con vino o regado de cerveza. Maybe.
De a 15, y con chorrillana...
JUNTA BLOGGER QUE MUCHO ABARCA... POCO SIRVE.

24.9.05

Kumquat

Quiero un kumquat.
Y un magnolio blanco.
El otro día (como dos meses atrás o más) iba por un calle de El Golf, y afuera de un edificio, lo ví. Un magnolio blanco. Un tronco firme y en abanico, ramas gruesas con entrenudos abriéndose, pocas hojas, pero con unas bellísimas y solitarias flores blancas.
Y me imaginé que ese árbol sería perfecto para el jardín de la casa de un príncipe oriental.
Y quiero un kumquat para poder observar y comer sus frutos tan graciosos y originales y orientales.

Y quiero regalar esos dos arbolitos a alguien que los riegue y los cuide.
Y que cuando los mire se acuerde de que yo se los regalé.

Ellos estarán siempre ahí. Yo siempre me voy.
Ellos echarán raíces. Yo no las tengo.
Ellos soportaran el frío y la lluvia. Yo no soporto el invierno y sus durezas.
Ellos son capaces de soportar grandes heladas. A mí, con una leve brisa de frialdad, se me congela el corazón.

Uno enseñará hermosas flores blancas cada temporada, y mantendrá erguida su belleza siempre creciente, nunca desmedrada. Yo, algún día, comenzaré a enseñar las arrugas y las canas, y los signos del tiempo apagando la belleza.

El otro dará frutos siempre dulces y brillantes. Yo no se si los daré algún día.

Quiero dejarle algo que le guste, y que le haga pensar en mí.
No quiero que deje de pensar en mí porque quiero estar siempre ahí, pero no se de qué otra forma estar presente.

Y recuerdo una canción de Cerati:

"qué otra cosa es un árbol
más que libertad
si te abrazo
es para sentir
que a nuestro amor
nunca podrán sacarlo de raíz
sacarlo de raiiiiiiiiiz..."

Estado alfa (sueño del pasado de un insomne)

Abro los ojos.
No, mejor los cierro.

Y recuerdo que...
En mi infancia, me encantaban los videojuegos. Luego del colegio, solía ir a meterme a esos boliches cerca del terminal donde tomaba la micro de vuelta a casa, y gastaba hasta mis últimas monedas - esas monedas grandes grises de $10 - en el Pacman, el 1948, fútbol, etc, sólo por el placer de ir cada día superando mi score personal, hasta llegar - en varias venerables ocasiones - a inscribir mi ilustre nombre en la lista de los puntajes más altos.
Varias micros debo haber perdido sólo por el vicio que me provocaba jugarme hasta el alma en esa última vida de ese último juego del la última ficha que había comprado con la última moneda de $10 que me quedaba en los bolsillos.
Así eran esos tiempos.
Luego, llegó el Atari. Y creo que ahí comenzó el camino a la perdición.
A mi perdición.
Con el Atari murió la posibilidad de morir-morir con la última vida. las "fichas" ya no existían. Las posibilidades de seguir jugando eran sólo limitadas por el cansancio o la voz paternal/maternal que exigía desenchufarse del aparato cuando ya los ojos comenzaban a salirse de mis órbitas, y mis dedos a acalambrarse en el joystick.
Y junto con esa ilimitada posibilidad de renacer luego del Game Over, empezó a crecer la ansiedad por el score.
Cada vez que iniciaba un nuevo juego, arriesgaba más en la primera vida. Consecuentemente moría más o menos rápido, marcando poco.
Luego, tal vez tenía una mediana performance con la segunda.
Y si lo hacía bien, capaz que ganara algunas otras vidas en el camino.

Pero no. Moría muy luego. Empezó la decadencia.

Iniciaba otro nuevo juego, y si moría muy luego - con lo cual disminuían mis posibilidades de un alto score -, F5 y nuevo juego. Altiro. Sin siquiera jugar las otras dos vidas restantes. Me suicidaba ipso-facto. Todo de nuevo. Empezar de cero. Nueva oportunidad. Miles de oportunidades más. Así de fácil, así de simple.
Así de poco esfuerzo. Así de poco valor.
Así de poco apego por los procesos.
Así de poca superación.
Así de loser.

Y ahora...
Ando buscando el botón para morir luego otra vez
Se me perdió el cuchillo con que ya una vez no fui capaz de provocar mi ausencia... cuando llegó el cansancio, y la voz enmudeció, y los ojos se entrecerraron, y la luz se volvió tenue, muy tenue...

Es que habría sido más fácil así...
Que los golpes, rabia, dolor, postración
Indagar, nadar en el pozo oscuro
de las pesadillas
Culpar a otros, a las circunstancias
No entender
ni a sí mismo ni al resto
No sentir
ni la propia alma ni la brisa de afuera
No querer
ni nada a ni nadie
Fracasar, morir a la esperanza
Disolverse, evaporarse, no existir

Existir agota, lo se bien.
Si al menos no hubiese que pretender que se vive sin quererlo realmente.

¿Por qué alguien no me preguntó si yo quería?

10.9.05

Reciclar sentimientos

Me preguntan qué onda con Jalo Arancibia. No es exactamente rabia por su incomprensible vanidad (viejo, guatón y pelado), ni por su fomedad y ridiculez. Tampoco por escribirse elogios a nombre de otros cuando lo critican; o por dejarle docenas de comentarios calentones a desconocidas (textual: "Hola Juanita. Primera visita a tu casa, me puedo quedar un rato por aquí? R."). Sí, quizás al escribirle un blog mamón a su cagada de gato creo que me colmó la paciencia -considerando su particular cruzada por los blogs con nombre y apellido-, pero la chochera le disculpa esta clase de paradojas.

En realidad lo que me molesta del Jalo es su idolatría al lugar común, a la frase hecha, a la buena onda sin seso. Esa manía por buscar 'citas citables' en la red para justificar cualquier pelotudez. La permanente búsqueda del aplauso fácil y su megalomaníaca capacidad para destacar su exceso de virtud ("es que agunos somos demasiado sensibles"). Creo que no hay ningún hombre en el mundo tan bueno como Jalo de acuerdo a su propio juicio. Y sabemos que no es así, que muchos que lo han tratado lo califican de trepador descerebrado (no de comunicador precoz como el mismo se diagnostica con generosidad).

Admito que leerlo se ha transformado en un vicio para mí. Me divierten sus tonteras y su cáfila de aduladores; me asombra cómo un supuesto líder de opinión no tiene opiniones propias y es manipulado por otros como Flores: eso es lo peligroso.

Y de tanto leerlo he advertido su nueva moda: reciclar su vida. Su último post está calcado de uno publicado dos años atrás. Es como un canal cuando repite una película, justifica. Pero éste es de antología. Hace dos semanas Jalo recoge al gato, llega a su casa y siente algo especial en su corazón. Curioso, porque el 2003 le pasa exactamente lo mismo (pero sin el gato, porque no había gato). Un canal de TV puede repetir cien veces una película, ¿pero puede acaso una persona repetir un sentimiento letra por letra dos años después? NO.

Y ahí tiene a 60 tipos sensibles felicitándolo por su enorme corazón. Anda mejor a reciclarte el bisoñé.

31.8.05

No aguanto más

Me cansé.

Me aburrieron las esperas eternas, me aburrieron los recuerdos, me aburrieron las promesas huevonas. Me aburrió la gente de sonrisa perpetua, esa de oreja a oreja, como si le hubieran metido un colgador en la boca... mostrando los dientes igual que un perro pronto a atacar.

Sí, Ud., que se lleva bien con todo el mundo y no dice jamás una palabra desagradable. Usted, que dice que es por no molestar y yo le respondo que es porque no tiene opinión. Usted, que tiene un séquito de giles detrás suyo. Me importa poco lo que diga y lo que piensa (suponiendo que la neurona aún le funcione -suponiendo que alguna vez le funcionó). Me da igual lo que haga con su vida, pero manténgala alejada de la mía, que si se me acerca le va a ir mal.

Y así como se lo digo de esta manera estúpida, cobarde y anónima, no tengo problemas en escupírselo un día en la cara.

Púdrase.

28.8.05

Fin

20 llamadas perdidas. 5 mensajes de voz.
Esto se acaba ahora, piensa ella.
Sabe que no saca nada con seguir eludiendo la cuestión.
Lo llama.

- OK, qué pasa...
- Necesito que hablemos.
- ehhhh, bueno, salgo de la oficina y en 40 minutos estoy allá.
- Vale. Te espero.

20:00 hrs. Ella cumple su promesa.
Estaciona su auto, apaga las luces.
Ninguna otra luz alrededor.
Las estrellas brillan furiosas en esa helada noche de primavera.
Y ella sabe que él algo se trae entre manos.
Qué diablos, piensa, yo estoy clara.
Pero algo pasa en su estómago, está apretado, presiente algo.

Se baja, camina.
Empuja la puerta entreabierta de ese galpón-taller-loft.
Semipenumbra adentro.
Una música especialmente familiar sonando de fondo.
Y una voz conocida que la saluda y le invita a avanzar.
Chimenea encendida, luz indirecta.
Un sillón frente al fuego y él sentado en una silla alta de pub, observándola.

- Hola.
- Hola.
- Bueno, ya estoy aquí. Dime.
- Tranquila. Hay tiempo. Siéntate.

Y ella obedece, se sienta, se estira en el sofá.
Es siempre así.
El es el director de la obra, quien da las instrucciones.
Todo se realiza de acuerdo a su libreto, siguiendo un guión del cual sólo él controla el desarrollo.
Y a ella le encanta ejecutar sus performances. Que la dirija.

Ella no sabe, no sospecha, ser la fuente inagotable de todo su desvarío.
Y si lo sabe, no quiere hacerse cargo. Nunca ha querido, le complica demasiado.
Lo suyo es lo fácil, lo obvio.
El la fuerza a pensar, a cuestionar su tibia y confortable realidad.
Y a ella eso no le gusta.

Está helado. Ella siempre tiene frío, él lo sabe. Se acerca a la chimenea, de espaldas a él. Se inclina, se frota las manos. Siente sus ojos en su espalda. Lentamente se vuelve. Lo mira largamente.
Se escrutan mutuamente, como dos contendores que se estudian antes de empezar la pelea.

- Bueno, habla...
- Nunca esperé que me dejaras botado... crucé un océano por tí...

Ahh, era eso, así es como vamos a empezar. Ella sonríe.

- No seas niño, me colmaste la medida, cómo te atreves. No estoy para berrinches, arruinaste mi otro fin de semana con tus estupideces... y yo ya no tengo paciencia. Estaba cansada y tuve algo mejor que hacer este finde, eso es todo. No lo planeé así a propósito... sólo pasó.
- Bueno, entonces voy a contarte lo que a mí me pasó este finde.

Ella se sentó otra vez y lo observó detenidamente.
Se veía exquisito.Y él era muy conciente de ello, lo hizo a propósito.
Se había preparado para ese encuentro, cumpliendo todos sus deseos fetiches que conocía tan bien.

Se había afeitado esmeradamente. El cabello mojado, algo descuidado sobre su cara. Esos lentes intelectuales. Esa pinta de artista-fashion-victim, que retrataba su personalidad, su agnosticismo, su socialismo, y todos sus ismos.
Ese perfume.
Todo cuidadósamente estudiado hasta el más mínimo detalle.
Como siempre.
El mago de los efectos especiales.

El mueve sus labios en esa mueca tan suya.
Y la mira detenidamente, como resarciéndose de toda esa ausencia que lo ha separado de ella. Luego de unos segundos, aparta sus ojos, como reuniendo valor.
Y se larga en su periplo.

Habló de muchas cosas. Hizo una larga reseña, con todos los hitos que ella tan bien conocía. Y otros nuevos, para su sorpresa.
Habló de su viaje, lo mucho que había cambiado a raíz de él.

De cómo había visto caerse muchas de sus convicciones.
De cómo había aprendido a extrañar a su familia.
De cómo había redescubierto a sus hermanos.
De cómo había comenzado a sentir la mano de Alguien en su vida.
De cómo entendió lo que antes nunca pudo.
De cómo se sentía más cercano a ella, ahora, más que nunca.
De cómo ahora sentía que compartía todo aquello que tan fieramente combatió de ella.
De cómo había pasado el tiempo sin haberlo hecho realmente.
De cómo ese amor nunca había sido agotado.
De cómo él siempre la guardó en el corazón.
De cómo había sido necesario tanto desencuentro para volver a llegar al punto inicial de partida.

Silencio.
Ella lo miraba, lo observaba, lo calibraba.
Incrédula, escéptica, lo escuchaba.
Porque ella no creía realmente que la gente pudiese cambiar tanto.

En todo caso, aún no es suficiente, pensó.
Aún quedan cosas pendientes.
Y él, que lee su mente a través de sus ojos, lleva el relato a tiempo presente.

- Y este fin de semana, viendo a esos niños desfilar en la plaza, miré alrededor. Y no ví ni una sola cara conocida. Yo, que me crié en este pueblo, ya no reconozco a nadie, están todos en otra.

Ja, qué novedad, piensa ella. El continúa.

- Están todos con sus vidas, con su familia. Con SU propia familia. Con su mujer, con hijos.

Ya, con que llegamos al punto. Era lo que ella se temía.
Y ella no habla. Ella ya no está.
No es posible, piensa.
Pero sí.
En realidad, ella siempre supo que ese momento llegaría. Nunca tuvo una duda.

- Quiero quedarme contigo.

Silencio.
Ella lo mira, y mueve su cabeza.

- No entiendo cómo podría ser eso... tú ya me conoces, y no he cambiado un ápice en mis posturas, lo que espero de la vida. Y, hasta donde yo se, no tienen nada que ver con la forma en que tú concibes tu vida...

Eran sólo rodeos, ella necesitaba ganar tiempo.
Aún no quería asumir lo que se venía.
Si tan sólo ésto hubiese ocurrido... 3... 2... 1 año antes, pensaba...

Y continúa su rodeo.

- Después que terminamos, yo seguí con mi vida. Nuestra historia tuvo un costo personal enorme para mí. Y no será en vano. No tomaré ciertos caminos una segunda vez. Hoy, se lo que quiero y quien soy. Y eso no lo cambiaré por nada ni por nadie.

Así, concluye, con voz firme, envistiédose de una resolución que se esforzaba por sentir. Se había parado nuevamente hacia la chimenea. De espaldas, no quería enfrentar su mirada.
Así fue como la alcanzaron sus palabras.

- Si hay que firmar papeles, los firmamos.

Time off. Se detiene el reloj. Se detiene su respiración. Algo de plomo acaba de caer en su estómago. Pasado el impacto inicial, se vuelve hacia él.

- No entiendo lo que quieres decirme.

Oh, sí. Vaya que entendía. Pero aún podía ser producto de su imaginación lo que acababa de escuchar.
Ella hace un ademán de moverse y él agarra su mano y la jala hacia sí.

- Abrázame.

Y ella obedece nuevamente.Vaya que sí obedece.
El la estrecha fuertemente.

"Acople estructural", lo definió él una vez, tan gráfico e ingenieril.
El hunde su cabeza en ese rincón conformado por el ángulo de su hombro con su cuello.Y se refugia ahí como un niño pequeño. Y la apreta aún más fuerte. Ella siente que la va asfixiar.

- Qué pasa... le pregunta quedamente.
- ...
- Qué pasa... repite, más tiernamente.
- Primero necesito saber si tú quieres estar conmigo.

LA PREGUNTA.
Oh, esa pregunta.No es justo, piensa ella. Jamás podría lograr pensar en la respuesta correcta capturada así, en este abrazo.
Pero ella responde.
El aún se resiste a continuar.

- Pero ayúdame un poquito...
- Pero cómo puedo hacerlo si no se lo que quieres decirme... juega ella con la situación.

Su corazón late a mil. Quiere escucharlo de él. Aunque le tome todo el resto de noche. Ella aún duda si dirá las palabras. Está gozando de cada segundo de ese esperado y triunfal momento.

El fin de la guerra.

El necesita su tiempo, no logra que esas palabras salgan de su garganta.
Y ella lo entiende, porque sabe que él, honestamente, nunca pensó en decirlas, no estaban en sus planes.
Ella todavía está asombrada con lo que está apunto de suceder.

- Quiero casarme contigo.

Ella ha vencido.

27.8.05

es muy simple

Ya no me aguanto y ya me canse de aguantar
Hasta mas arriba del pelo con lo "que no se si quiero decirte"
Atragantandome con -lo que tengo claro- no quiero oirme decir.
Y aqui estoy
Haciendo un Blog
estupido, cobarde y anonimo
No importa

LAS PUTEADAS NO TE LAS VA A SACAR NADIE